Sanando la perspectiva de la masculinidad

Es fuerte ser consciente hoy de tantas creencias que sostenemos. En particular entorno al rol del hombre. La mayoría de ellas no son algo que hayamos decidido como tal, son más una herencia, y en realidad, no son nuestras familias particulares; podríamos tomar una al azar cualquiera, casi en cualquier parte del mundo y encontraríamos algo muy similar.

Se encuentra con frecuencia la creencia de que los hombres son desleales, infieles, traicioneros, violentos, y varias cosas más. Pero son solo percepciones generadas por lo que tal vez conocimos de cerca, sin embargo creo es vivir muy sesgados y cerrar las posibilidades de todo lo que puede existir. Solo porque sea lo más abundante no significa que no se pueda ir migrando a una sociedad más sana. Pero primero, debemos darle cabida a esas posibilidades, para poder construirlas. 

Como la vulnerabilidad es mal vista en este género, casi que no se les permite flaquear, tienen siempre que ser los héroes con todas las respuestas, se crean barreras que impiden que se detenga la autoexigencia y dejen de vivir a la defensiva, en modo ataque, teniendo que explicarse todo el tiempo, demostrando que sí son x o y, para que el mundo los valide como hombres. ¿Qué carajos?

Creo que es entrar en una pérdida del sentido de la humanidad. Tachar también a todos los hombres como si por unos casos caóticos, el resto fueran lo mismo, me parece deshumanizar. Tampoco comprendo por qué nos creemos con el derecho para juzgar a cada persona que se nos atraviesa en la vida por cada error cometido, es cómo si creyéramos todo el tiempo que debíamos nacer aprendidos y con el manual de la vida bajo el brazo.

Contrario al impulso regular después de que se atraviesan experiencias fuertes, mis juicios han ido desapareciendo cada vez más, no los etiqueto más. Sé que en lo profundo de cada expresión de violencia, de maltrato o de deslealtad, habita la desconexión consigo mismo, sumado a una cantidad de presión por lo que deberían ser, un juicio tremendo hacia sí mismos y la negación de que un mundo donde pueden vivir sin presiones es posible.

Si pudiéramos balancearnos más entre géneros, creando espacio y libertad para ambos, desaparecería esa necesidad de sostener roles que no son nuestros. El hombre al permitirse ser más vulnerable, y la mujer menos víctima, apoderándose más de sí, crearía menos presión en el hombre. A nosotras en realidad ningún hombre tiene por qué rescatarnos como nos mostraron de niñas, podemos entender que no estamos para salvar al otro. Pero sí para comprendernos mutuamente, permitirnos ser más humanos y expandirnos desde el amor.

Reconozco a los hombres más que nunca y no por su coraza de macho, por poseer bienes o lo que hayan conseguido, sino por el hecho de que luchan como pueden por vivir en medio de tanto condicionamiento, juicios, pretensiones, donde no se les permite ser, y contrario a lo que algunos piensan aún, me parece un acto de valentía enorme que muestren vulnerabilidad en una actualidad tan ruda y castrante.

No necesitamos cambiar el mundo con nuestra existencia, pero sí podemos cada uno poner un ladrillo en la dirección correcta, tal vez nosotros no logremos vivir en esa sociedad utópica y balanceada, es verdad, pero con cada generación, el cambio se va produciendo, no necesita ser ruidoso, ni de impacto inmediato, pero cada uno podemos al final representar lo que puede llegar a ser la transformación de muchísimas formas de vivir y pensar para nuestra descendencia.

Posted in

Deja un comentario